Durante esta semana de celebración (y reivindicación) del orgullo estuvimos hablando con algunas personas que forman parte del amplio espectro LGBTIQ+, y les pedimos que cada unx recomendara un libro, película, cómic, disco, proyecto artístico o lo que sea que les encante. Que nos hablaran de ese algo que en su día les hizo despertar y comprender lo que sentían, de algo que les haya hecho aprender, que haya sido un punto de inflexión en su manera de entender la sexualidad y el género, algo en lo que se hayan visto representadxs, o simplemente algo que les haya gustado mucho por cómo trata las disidencias sexuales y de género.

Laura Carrascosa Vela. Fotógrafa y estudiante de Filosofía. Mujer cis, lesbiana y demisexual.

Fotografía por Carlos Siles

No recuerdo un momento previo al momento en que ya me gustaban las chicas. Aunque tuve algunos novios como todas mis compañeras, en primaria ya hacía dibujos de amor encubierto a mis amigas de clase en los que me refugiaba.Me acerqué al arte porque mi alrededor no me parecía suficiente; había más mundo por abarcar. Cuando estaba melancólica tocaba la guitarra a lo Tracy Chapman y, cuando estaba rebelde, cantaba Blondie. La primera representación lésbica que vi fueron los personajes de Maca y Esther en Hospital Central  en 2004 cuando yo tenía 11 años. Nunca llegué a diferenciar si quería ser como Maca -una persona muy segura de sí misma y con un pelazo- o si me gustaba Maca. Puede que ambas.La calidad de la programación española en TV no era muy buena por lo que un par de años después empecé a indagar en producciones extranjeras. Boys dont cry (Kimberly Peirce), Aimée y Jaguar (Max Färberböck), Las horas (Stephen Daldry) o Persona (Ingmar Bergman) fueron algunas de mis pelis clave. También indagué en la literatura. Una de las primeras novelas que leí, ya con 15 años, fue Demian (Herman Hesse). Aunque la novela no narra una relación homosexual sí me sentí identificada con la intensidad de los sentimientos que Sinclair profesaba a su amigo. Además Demian cuestionaba las creencias y los estilos de vida imperante, algo con lo que casi cualquier homosexual se enfrenta en su primer duelo. Después llegaron La señora Dalloway (Virginia Woolf), El bosque de la noche (Djuna Barnes) , Confesiones de una máscara (Yukio Mishima) o los poemas de Gil de Biedma. Eran autores muy intensos y tristes que me acompañaban en el maremagnum que estaba viviendo. En la actualidad, en cambio, me veo muy identificada con ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? de Jeanette Winterson. Leerla me hace muy feliz porque trata la herida abierta desde una sencillez total, desde el humor y añade magia de una manera super perspicaz. También me hace muy feliz escuchar a Javiera Mena.

 

Emo Díaz. Ilustrador. Hombre cis, gay.

Fotografía por Zazi White

Fui un adolescente feliz y muy precoz para muchas cosas. Nunca tuve ningún tipo de problema con que me gustaran los chicos, lo que pasaba era que la mayoría de mis amigos de la época no tenían nada que ver conmigo, ni yo con ellos, así que en general iba bastante a mi bola. Con 14 años, llegó a casa Internet, y desde ahí empecé a conocer muchísima música a la que no podía acceder de otro modo. De entre todos los discos que escuchaba estaba Mi Fracaso Personal de Astrud. Las letras de las canciones no hablaban específicamente de algún amor o desamor homosexual, de hecho las pocas referencias de género que hay en el disco se pueden entender como heterosexuales, pero en mi mente siempre las he visualizado siendo cantadas de un chico a otro. Supongo que esto era porque no estaba acostumbrado a que la música escrita y cantada por chicos, hablara de las cosas que hablan Astrud en sus canciones. Yo estaba muy fascinado porque me veía reflejado en ellas como no me pasaba con el resto de música que escuchaba. El descubrimiento de Astrud para mí fue, de algún modo, un mensaje que me decía que no me agobie por no sentirme comprendido, que ahí fuera hay gente con la que me voy a sentir entendido, y que solo era cuestión de tiempo que eso pasara.

AZ Phadrig. Periodista y escritora. Género no binario, pansexual.

Fotografía por Inés van Berkel

La peli que me abrió los ojos fue Velvet Goldmine. Recuerdo que la vi como con 11 o 12 años. Fue la primera vez que vi escenas de sexo que se salían de la norma, y la escena de Christian Bale haciéndose una paja mirando fotos de un chico me impactó. Pero creo que lo que más me marcó fue el videoclip que graban en la película de la Balada de Maxwell Demon. En el vídeo un Brian Slade vestido de lagarto con purpurina se folla a un muñeco hinchable masculino. La película viene a ser como una alegoría de los años de David Bowie e Iggy Pop, y todos se enrollan con todos. Recuerdo que vi la peli como veíamos las películas en mi casa hace diez años. Mi hermano estaba estudiando artes y venía con cintas VHS que sus colegas le dejaban, y las veíamos mis padres, mi hermano y yo en el salón mientras comíamos. Imagíname a mí a los 11 años comiendo con mis padres, descubriendo el sexo y las relaciones homosexuales, descubriendo que aquellos feels que sentía por las chicas más mayores que yo en el cole quizá tendrían que ver con eso. Descubrí también la bisexualidad, la ambigüedad, los hombres afeminados, las dudas y, obviamente, el sexo abierto. Fue momentazo para mí, y es la primera vez que lo cuento. Aunque me costó años terminar de entender qué me estaba pasando y en salir del armario, ese fue un punto de inflexión en mi vida. No es como la mejor película del mundo y quizá no sea ni buena, pero para mí es de mis películas favoritas por todo lo que significó para mí. Por otro lado, en cuanto a literatura, mi libro favorito es El retrato de Dorian Gray, que quizá no sea un libro abiertamente gay y puede que sea yo quien le pone las connotaciones pero bueno… hay ahí un triángulo amoroso de señores precioso. Además también me encantaron los libros Desierto, de Duna Haller, y Adán o nada, de Angelo Nestore, que tratan sobre ser trans.

 

Dannara. Artista audiovisual, activista feminista. Trans no binarie, transfemenine.


Algo en lo que pienso muy a menudo es en esos detalles que de un modo u otro ya desvelaban mi identidad como mujer trans no binaria a muy temprana edad y que realmente nunca he reconocido, sobre todo porque esa parte de mi identidad me fue totalmente “vacía” hasta ya mayor. Uno de esos detalles es que siempre me he visto reflejada en solo personajes femeninos fuertes, apasionadas, creativas y hasta heroicas, pero sin perder ciertos aires de desastre que siempre he tenido muy asumidos en mí misma. Hablo de personajes tales como la infravalorada Jade (la protagonista del videojuego “Beyond Good & Evil”), la mítica Buffy Summers o la legendaria Catwoman. A día de hoy ese catálogo de personajes personal se extiende a otros como Hulka (que además me ayuda bastante a aceptar mi atractivo como mujer gigante) o con las tonterías indecisas pero con carácter de Sookie Stackhouse. Y también Leeloo (“El Quinto Elemento”), y Emma Frost, y Wynnona Earp, y Xena la Princesa Guerrera, y casi cualquier bruja que se te ocurra… Todas ellas me ayudaron a crecer como figura femenina antes de siquiera ser consciente de ello, y es algo que les agradeceré eternamente, porque en cierto modo sé que aliviaba en gran medida la angustia de ese terrible vacío interno -que mencioné antes- que sentía al no saber ni quién ni qué era.
En cuanto a ficciones en sí, en su totalidad, que no pueda segmentar en identidades y así, la verdad es que a día de hoy tengo pocas, ya sea por el descarte que conlleva concienciarte o porque realmente el mercado se centra muy poco en intentar acercarse a las experiencias de las mujeres trans y personas transfemeninas en general. Pero la verdad, haberlas las hay, y que también han tenido un impacto en mi vida, como la película “Boy meets girl”, que pese a ser una de esas comedias románticas típicas de siempre, incluso con falta de un poco más de elaboración, no puede evitar ser buena por el mero hecho de que no hay muchas comedias románticas que protagonicemos nosotras -las personas transfemeninas- sin resultar ser una cutre basura transmisógina. También metería los capítulos “Lion 3: Straight to video”, “Giant Woman” o “Mindful Education” de Steven Universe, ya que de alguna manera u otra me han ayudado a lidiar con la depresión, el TEPT y el resto de movidas que una lleva consigo por todo lo que se vive en esta posición. Y esto es algo que también se puede ver en obras como “El Bebé Verde” de Roberta Marrero, o los poemarios de Duna Haller, y casi cualquier obra hecha por una persona transfemenina. Al final, siempre firmamos con nuestro valor, nuestro trauma y nuestro aprender a querernos a nosotras mismas en, como dijo Laverne Cox, una sociedad que no quiere que existamos.
Y por eso tengo tanto que agradecer a Hulka, y sí, a las demás también, pero ya me entiendes, solo quería un final con gancho.

¥€$Si Perse. Artistas y djs, parte del colectivo El Palomar. Double Check Avatāra, Virtual Elf, Radikal Digital Fairy.

“Hello, World!” ¥€$Si al otro lado de la pantalla: Si tenemos que elegir un producto cultural Pop que nos haya influido en nuestra construcción como avatares autónomos, rescatamos de la unidad de estado sólido entre otras cosas “Los Invisibles” (1994-2000) / “El Asco” (2002-3) de Grant Morrison. Ambas obras pueden leerse como cómics, o lo que pretenden ser más allá de la forma, Hypersigils, artefactos magickos con los que alterar el Statu Quo. Las consideramos guías de viaje para una misión de rescate, muy útiles para cartografiar la mitología del siglo XXI, al presentar una cosmogonía funcional donde de manera cohesiva se habla de Normalización Radical, Transhumanismo, Nanotecnología y Bio-ingeniería, Realidad virtual o “Poder psíquico aumentado”; Posverdad, Teoría Conspirativa y Estado de Vigilancia Total. Privacidad como valor obsoleto y la autoconcepción de los sujetos como performers 24/7. Se especula sobre subculturas NON (Non Gender, Non Racial, Non Nation…) y la negativa a las prótesis identitarias por defecto. Nacionalidad, Sexualidad y Género se presentan como algo fluido, no la fluidez embotellada a la que nos hemos acostumbrado en el semiocapitalismo; sino una densidad mercurial, etérica, ectoplasmática, que cargada de los residuos de la historia fluye a través de los poros y los distintos orificios del cuerpo, posee cuerpos; disuelve identidades. La noción propia de identidad se desenmascara, se desmaquilla, se desviste; queda esparcida por el suelo: es el disfraz de la individualidad – el enemigo final en el videojuego del Ego (remasterizado a 4K).

De izquierda a derecha: Los Invisibles, El Asco.

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